Sandra Gómez Villacastín, Psicóloga en Barcelona
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Ir al psicólogo no es un fracaso: por qué todavía cuesta pedir ayuda

12 de febrero de 2024 · 6 min de lectura

Hace años, cuando alguien mencionaba que iba al psicólogo, solía bajar la voz. Todavía hoy, aunque se habla mucho más abiertamente de salud mental, sigue costando pronunciar esa frase con la misma naturalidad con la que decimos que vamos al fisioterapeuta o al dentista. Como psicóloga en Barcelona, es algo que veo con frecuencia en la primera consulta: personas que han tardado meses, a veces años, en dar el paso, no porque no supieran que necesitaban ayuda, sino porque pedirla les generaba vergüenza.

De dónde viene este estigma

La idea de que ir al psicólogo es cosa de "gente que está mal de verdad" viene de lejos. Durante mucho tiempo, la salud mental se ha tratado como un tema tabú, reservado para casos extremos, mientras que el malestar cotidiano —la ansiedad, el estrés, la inseguridad, la tristeza sostenida— se consideraba algo que había que "aguantar" o resolver por uno mismo.

A esto se suma la creencia, todavía muy extendida, de que pedir ayuda es un signo de debilidad o de falta de capacidad para gestionar la propia vida. Es justo al contrario: reconocer que algo te está costando y buscar apoyo profesional para ello es un ejercicio de responsabilidad hacia ti mism@.

Lo que realmente significa pedir ayuda

Nadie duda en acudir a un profesional cuando tiene una molestia física persistente. Sin embargo, cuando el malestar es emocional —ansiedad que no cede, tristeza que se alarga, una relación que hace daño, decisiones que no consigues tomar—, muchas personas esperan a que "se pase solo" antes de plantearse pedir ayuda.

La terapia no es un recurso solo para momentos de crisis extrema. Es un espacio para entender qué te está pasando, encontrar herramientas concretas para afrontarlo y, sobre todo, para no quedarte sol@ con eso. No hace falta tocar fondo para merecer ese acompañamiento.

Por qué cada vez cuesta menos (aunque queda camino)

En los últimos años se habla más abiertamente de salud mental, especialmente entre las generaciones más jóvenes, y eso ayuda a normalizar el hecho de pedir ayuda psicológica. Aun así, el estigma no ha desaparecido del todo: sigue habiendo entornos laborales o familiares donde reconocer que se va a terapia genera cierta incomodidad, o donde se minimiza el malestar emocional con frases como "eso lo tiene todo el mundo" o "ya se te pasará".

Cambiar esto pasa, en parte, por hablar de ello con naturalidad. Cada vez que alguien menciona sin miedo que está en terapia, ayuda a que la siguiente persona lo vea como algo tan razonable como sería pedir cita con cualquier otro profesional de la salud.

Cuándo plantearte pedir ayuda

No existe un umbral exacto ni hace falta esperar a un momento límite. Algunas señales que suelen indicar que puede ser un buen momento para consultar: cuando un malestar se mantiene en el tiempo y no mejora por sí solo, cuando empieza a afectar a tu trabajo, tus relaciones o tu descanso, o simplemente cuando notas que te estaría bien tener un espacio propio para poner en orden lo que estás viviendo.

Pedir cita no te compromete a nada más que a una primera conversación. A partir de ahí, decides tú.

¿Sientes que este es tu momento?

No hace falta esperar más. Escríbeme y hablamos.